El Rulo de Nieve
EL RULO DE NIEVE
Un día antes.
Dos
jóvenes están en el quicio de la puerta del baile “Los Gabrieles”, sostienen un
pequeño bulto blanco que amenazan con entrarlo a la pista. El salón está
completamente lleno, como todas las noches de esas Navidades especiales. El
dueño y responsable del baile, dirige la vista, con claras muestras de
nerviosismo, a la puerta donde se encuentran ambos muchachos. Lo que ve no le
gusta nada, y rápidamente, avisa a su hermano,
que se encarga de la barra de bebidas. Inmediatamente se arma un revuelo
de voces entrecruzadas que es advertido por algunas de las personas más
cercanas a la puerta principal de entrada al local.
¿Lo entro,
lo entro?, grita uno de los jóvenes. No, no, ¡por Dios ¡ no lo hagas, contesta
rápido el responsable. El muchacho, joven, decidido, resuelto, insiste y vuelve
a preguntar: lo entro?. Otras voces –recuerdo la de mi propio hermano-, se unen
con premura, y tratan de impedir lo que ya estaba decidido. Como el título de la novela Crónica de una
muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, la fatal resolución de este
caso, igualmente estaba anunciada y sentenciada. El pequeño rulo de nieve –bulto
blanco-, fue empujado con brusquedad hacia el interior. Y entonces se concretó
el caos. Algunos ya estábamos prevenidos, otros, muchachos y muchachas, se
vieron sorprendidos por el suceso. La bola de nieve estaba helada, pero al
entrar en contacto con la templada temperatura que la multitud proporcionaba al
establecimiento, rápidamente se derritió, llenando de agua el salón. Tras un
breve momento de desconcierto -absolutamente lógico, por otra parte-, entre
gritos y protestas, los músicos dejaron de tocar, y el baile acabó.
El día de la gesta
¡Están haciendo una bola de nieve en el Trinquete¡.
Eran las 10:30 horas de la noche, aproximadamente, y el bar Los Gabrieles, en
aquéllos días de Navidad de 1970, estaba lleno de parroquianos. Un par de
jóvenes entran en el local y lo comunican a la pandilla habitual. Además, la
noticia, que transmitida con gran entusiasmo, se extiende rápidamente al resto,
es acogida con interés. De manera que, allí acudimos unos cuantos muchachos del
pueblo. Según fotografías que atestiguan –por la fecha impresa- el primer día
de las nevadas, fue el 26 de diciembre de 1970. No existe un testimonio
fidedigno que nos confirme que esa misma noche del citado 26 (por entonces,
segundo día de Navidad), fue la noche de la formación del gran rulo, pero, es
muy posible que así sea, y además, este dato queda en un plano secundario, ya
que la principal, la auténtica hazaña fue la creación del referido rulo.
Al llegar
al Trinquete (por si acaso, recordemos que nos referimos al viejo Trinquete
donde se jugaba a la pelota a mano, y que está en la pared exterior de la
Iglesia), vemos que, efectivamente, algunos jóvenes, ya “veteranos” –entre 25 y
30 años-, habían echado la bola a rodar. Con las propias manos, vacías de
guantes, Miguel “Capiche”, Antonio “El Cholo”, Flores (el de Sebastián el
carpintero), Manolito, Fernando “El Sastre”, tuvieron el privilegio de poner en
marcha una operación singular digna de destacar en los acontecimientos
populares de Casas de Ves.
Se inicia la “procesión”, -perdón por el mal chiste-, en contrasentido, es decir, tomando la calle por donde sube la Virgen el día de la Romería, Calle Félix de la Muela. Todos a una y unidos por una misma idea que, sin estar predeterminada, se hizo objetivo de los allí presentes, pusimos nuestras fuerzas al común de una misma tarea: mover la bola de nieve por las calles del pueblo. En esta primera fase, y con ligera pendiente en bajada, no hubo dificultades para rodar la bola. Pero, al llegar al cruce con la Calle Cuevas, junto al Portal de Requena, había que girar a la derecha, y esta vez sí, en subida, y la bola ya no era tal, sino que se había convertido en rulo. Como ya he comentado anteriormente, las calles estaban a rebosar de nieve. Manto blanco que se adhería e iba aumentando progresivamente, haciendo cada vez más grande el ya, gran rulo de nieve. Al girar, por la casa de Rojales, para coger la entonces Calle José Antonio, hoy Calle La Mancha, llegando a la altura de la panadería de Paco, la obra seguía siendo de color blanco, eso no había cambiado, pero sí su tamaño, y por lo tanto su peso. El esfuerzo estaba siendo considerable, las fuerzas llegaban a su límite, pero el empeño no decaía.
¡Venga,
vamos, que no se diga ¡. Algunos éramos arrastrados por la inercia de otros,
aunque poníamos empeño en la tarea. Las fuerzas vivas, los que tiran del carro (en
este caso del rulo), pusieron toda su pasión y empeño en avanzar hasta
conseguir el objetivo. Cuerdas¡. Nos
hacen falta cuerdas para tirar de él¡. Recuerdo las voces de Julio (el de
Saúl), recuerdo a mi hermano Juan, al Esteban (de Antoñico), a Capiche (gran protagonista en esta
historia de lucha y pundonor). Se trajeron esas cuerdas, esas sogas –que,
con toda probabilidad-, fueron confeccionadas por las propias manos de algunos
de los allí presentes (las sogas de esparto, de pleita).
No
obstante, hubo una circunstancia, ajena a nuestra voluntad, que impidió cumplir
al 100%, lo previsto. La idea era dejar el rulo justo en mitad de la calle, pero
el inmenso peso del mismo, y la leve inclinación de la calzada, hizo que –a
pesar de los ímprobos esfuerzos de todos nosotros-, se desviara ligeramente
hasta quedar anclado y apoyado en la pared, junto a la reja de la ventana de la
farmacia. No importaba, era un mal menor, la idea original quedó culminada, y
con éxito. Y, además, os imagináis que durante, al menos, unas semanas, que
tardó en derretirse por completo la bola de nieve, hubiera estado en mitad de
la calle?. Sin duda habría sido un inconveniente para el –aunque escaso-
tránsito de vehículos, por esta vía pública. Seguramente, los duendes de la
Nochevieja nos echaron una mano en esta parte del desenlace final.
EPÍLOGO
Las
nevadas de esas especiales Navidades del año 1970, fueron abundantes y
copiosas, señaladas, pero, y sobre todo, lo más destacado fue la bajada de las
temperaturas. Aunque, fue entre el día 1 y el 3 de Enero de 1971, cuando el
termómetro registró los números más bajos. En Albacete capital (hay información
documentada en la Base), se midieron -24º. En Casas de Ves, todavía el
termómetro bajó un poco más alcanzando los -26º. El Pueblo quedó incomunicado
durante varios días. Se utilizaron tractores (los más potentes), para
trasladarse a Casas Ibáñez y traer bombonas de gas butano. La Requenense no pudo salir, y hasta pasada
la festividad de Reyes Magos, no reanudó el servicio –aunque el primer día, en
una parte sombría de la carretera, en el trayecto entre Casas de Ves y
Alborea-, el autocar, como consecuencia
del hielo todavía presente, se salió de la vía, y no pudo continuar,
ocasionando un perjuicio y el consabido susto de los viajeros.
Algunos
ganados de ovejas se quedaron aislados en sus corrales situados en el campo.
Cada día, durante varios, con el tractor de casa, se cargaba en el remolque la
comida necesaria para el abastecimiento de las citadas ovejas. Éramos jóvenes,
pero no por ello, inconscientes, y tomábamos las precauciones necesarias para
garantizar la seguridad. Recordemos que, en esos primeros días subsiguientes a
la Nochevieja, las carreteras locales y los caminos estaban colmados de nieve.
La visibilidad era escasa, y sólo el conocimiento rutinario del camino, unido a
la paciencia y total moderación en la conducción, hacía posible llegar hasta el
corral de La Encarnación (ubicado frente al punto donde los Quintos, en La
Romería, se concentran y almuerzan), sin incidentes, pese a la pronunciada y
curvada cuesta que conduce al corral. Era el último tramo, de pocos metros,
pero era, sin duda, el más peligroso.
Dejemos, pues, constancia escrita de los acontecimientos acaecidos aquéllos días de aquéllos años (1970 a 1971). Por mi parte destaco, sin duda alguna, la gran aventura popular que llevó a la juventud casasdevesana a la gestación y culminación del Rulo de nieve. Una muestra de la valía del esfuerzo colectivo. La fuerza física, en consonancia total con la fuerza mental, con el esfuerzo común y desinteresado, hicieron posible un hecho singular e histórico. Y eso sucedió en Casas de Ves, en el pueblo donde muchos tenemos nuestras raíces. Y al que este año de 2020, por razones que todos conocemos, no podremos ir para estar con nuestras familias y con las personas queridas.
Sirva este escrito sobre recuerdos de hace 50 años, como sincero homenaje a los que se han quedado en el camino. Por vosotros.
Finales de Noviembre - Primeros de Diciembre de 2020.
Agradecimientos: A Paco Cantero, porque siempre está ahí para aclarar datos y aportar fotos. A Antonio Sánchez (Cholo), a Miguel Martínez (Capiche), que me han ofrecido total unanimidad, principalmente en la ruta por donde transcurrió el acontecimiento. Gracias.

Escrito sobre el 50 aniversario de la nevada y gran helada en las Navidades de 1970.
ResponderEliminarMaravilloso trabajo Miguel, enhorabuena!
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